En una plaza de Beirut que alguna vez fue sinónimo de la división sectaria del Líbano, el Papa León XIV reunió el lunes a líderes cristianos y musulmanes, llamándolos a trabajar por la paz en su nación dividida.
El Líbano, cuyo sistema político se ha basado durante mucho tiempo en el equilibrio religioso, sufrió años de conflicto sectario, y los líderes religiosos en la reunión interreligiosa del lunes enfatizaron la importancia de la unidad y la coexistencia.
Hablando desde la Plaza de los Mártires, que sirvió como demarcación que dividió Beirut según líneas sectarias durante la guerra civil del Líbano de 1975 a 1990, Leo llamó a los líderes a ser “constructores de paz: enfrentar la intolerancia, superar la violencia y desterrar la exclusión, iluminando el camino hacia la justicia y la concordia”.
Se sentó rodeado de los jefes espirituales de 16 confesiones musulmanas y cristianas, de las 18 reconocidas por el Líbano.
Las religiones judía e ismailí no estuvieron representadas, ya que a esas comunidades reconocidas les quedan muy pocos miembros en el país.
Mientras se escuchaba la llamada a la oración desde la cercana mezquita Mohammed al-Amin, situada junto a una iglesia, los clérigos pronunciaban discursos y un coro de niños cantaba himnos cristianos y musulmanes.
Bajo un pabellón levantado para la ocasión, los dirigentes se situaron sobre un escenario en el que se podía leer la palabra “paz” en francés y árabe.
El encuentro “pone de relieve que el Líbano es un país con una gran experiencia en el diálogo y en los encuentros entre sectas”, afirmó Naila Tabbara, fundadora de la fundación Adyan, que se centra en el acercamiento interreligioso.
“Incluso en los momentos más difíciles, este diálogo ha continuado”, añadió, afirmando que el Papa quería mostrar que “la solidaridad que trasciende las afiliaciones no existe en ningún otro país” de la región.
Olivo simbólico
La diversidad religiosa del Líbano se refleja en su sistema político.
El presidente de la república debe ser siempre un cristiano maronita, el único líder cristiano en el mundo árabe, mientras que el primer ministro debe ser un musulmán suní y el presidente del parlamento un musulmán chií.
Pero las divisiones políticas y religiosas se han visto exacerbadas repetidamente por las numerosas crisis del Líbano, la más reciente la guerra entre el grupo militante Hezbollah, respaldado por Irán, e Israel.
El chií Hezbollah había abierto un “frente de solidaridad” con su aliado Hamás en Gaza lanzando cohetes contra Israel, provocando la ira en otras comunidades libanesas.
La visita de León, que forma parte de su primer viaje al extranjero como pontífice, “subraya la importancia del diálogo y la coexistencia en el Líbano”, dijo Fuad Khreis, un clérigo chiita.
“El Líbano es fuerte gracias a su pueblo y a todas sus sectas… Debemos permanecer unidos y hablar entre nosotros, especialmente a la luz de la difícil situación que estamos sufriendo”.
En su discurso, el Papa León dijo que la convivencia en el Líbano era “una misión que permanece inalterada a lo largo de la historia de esta querida tierra: dar testimonio de la verdad duradera de que cristianos, musulmanes, drusos y muchos otros pueden vivir juntos y construir un país unido por el respeto y el diálogo”.
Concluyó el encuentro plantando un olivo, afirmando que “no sólo adorna este espacio en el que nos reunimos hoy, sino que también es venerado en los textos sagrados del cristianismo, el judaísmo y el Islam, y sirve como símbolo eterno de reconciliación y paz”.








