Los diputados Tignanelli y Eslaiman, dos de los que se oponen a derogar la ley que limita reelecciones / X
Axel Kicillof se comprometió ante los intendentes que reportan a su espacio político a empujar la derogación de la ley que limita a dos mandatos consecutivos las reelecciones. Se trata de una promesa de larga data que el año pasado terminó naufragando en medio de la pelea política con el kirchnerismo en el Senado.
Apenas arrancó 2026 y en sintonía con la decisión de Kicillof de ir dándole forma a su proyección nacional, sus principales funcionarios reiteraron ese compromiso.
La situación, en rigor, no ha cambiado. El gobierno bonaerense explicita que quiere terminar con esa ley. El Frente Renovador de Sergio Massa reiteró, por su parte, que no cuenten con su apoyo para coronar esa empresa legislativa. La Cámpora y su satélites kirchneristas venían dejando trascender que no iban a acceder a los deseos de Kicillof y de muchos de los intendentes que abandonaron el universo K para embarcarse en el Movimiento Derecho al Futuro, pero en las últimas horas esa resistencia comenzó a fluir con mayor nitidez.
Acaso una definición que suena fuerte en diversos ámbitos políticos y que se atribuye a líderes camporistas, sea el reflejo más notorio de aquella resistencia. “Kicillof no tiene 46 intendentes, tiene 46 ex intendentes”, definen.
Esa referencia dice mucho. Primero, busca “bajarle el precio” el andamiaje interno que logró construir el mandatario provincial. Una cosa es colocar sobre la balanza el liderazgo de los intendentes y la posibilidad de poner el cuerpo en las elecciones como ocurrió el año pasado cuando varios de ellos fueron candidatos testimoniales y arrastraron fuerte en sus territorios, y otra es que los alcaldes tengan vedada la posibilidad de volver a plebiscitarse.
Esa misma razón es la que explica en buena parte los por qué de La Cámpora para bajarle el pulgar a la ley que reclama Kicillof: analizan que la construcción de poder del mandatario y su definitiva emancipación política del kirchnerismo tendrán un sustento territorial mucho menos robusto.
Kicillof choca, además, con el frío número de las matemáticas. Carece del suficiente músculo legislativo propio como para imponer la reforma: pocos diputados y aún menos senadores aparecen dispuestos a sostener un debate que tienen una negativa asegurada en las bancadas de Fuerza Patria.
¿Existe la posibilidad de encontrar algún atajo? En principio, aparece poco probable. Durante varias semanas se habló de una suerte de “canje” parlamentario en el que debería intervenir La Libertad Avanza. Consistiría en conseguir el apoyo libertario a cambio de que en la Provincia comience a regir el sistema de Boleta Única Papel como a nivel nacional. Parece, en principio, un acuerdo demasiado costoso en términos políticos. El peronismo y la boleta sábana terminaron anudando en las elecciones de septiembre un simbiosis política que derrotó por casi 14 puntos a la Libertad Avanza.
Kicillof afronta otros desafíos que surgen de su propia tropa. Sin reelecciones indefinidas, es altamente probable que se robustezca la embestida para que los comicios bonaerenses de 2027 se despeguen de los nacionales.
En el peronismo comienza a tomar cuerpo la idea de que el desdoblamiento puede ser una herramienta imprescindible para retener la Gobernación y buena parte de los municipios que el PJ pondrá en juego.
Es un esquema que, en principio, parece chocar contra las pretensiones nacionales de Kicillof. El Gobernador necesita no sólo tener a un peronismo ordenado sino también trabajando en sintonía con su eventual candidatura. La idea del desdoblamiento importa reconocer, al menos, que la pelea por la Casa Rosada no será un lecho de rosas.







