El ministro de Economía, Luis Caputo / NA
En el mismo día en el que Marco Lavagna presentó su inesperada renuncia al frente del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), y mientras el Gobierno anunció que postergará la implementación de la nueva medición en la que trabajaba el funcionario saliente, el ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó otra novedad con alto impacto para los bolsillos de los argentinos: las tarifas de electricidad y gas —anticipó— aumentarán todos los meses por encima de la inflación.
Según reconoció Caputo en declaraciones radiales, como ya hubo una fuerte recomposición, los incrementos tarifarios en esos servicios esenciales deberían ser “un poquito” mayores que la inflación en cada mes. Sin embargo, negó saltos bruscos, al sostener que el “aplanamiento” tarifario reduce la volatilidad entre verano e invierno y mejora la previsibilidad para los hogares.
El año pasado, en plena campaña para las elecciones legislativas de octubre, el Gobierno moderó la recomposición de tarifas tras el fuerte ajuste aplicado en 2024. Ahora, de acuerdo a lo que adelantó Caputo, la idea es retomar ese sendero de forma paulatina.
Polémica por el nuevo índice
Según explicó el titular del Palacio de Hacienda, las diferencias entre el índice actual y el que impulsaba Lavagna serían acotadas y, en algunos meses, el nuevo IPC habría arrojado variaciones “menores”.
La prioridad, sostuvo Caputo, es evitar “dar lugar a especulación” en un momento en el que el Gobierno busca mostrar consistencia en la baja de precios.
La decisión convive con el impulso oficial a ajustes crecientes en las tarifas de los servicios públicos, que están entre los factores que presionan el índice de precios oficial y que hubieran tenido mayor peso en la nueva medición.
En este contexto, la Secretaría de Energía ya anunció aumentos desde febrero: en electricidad, el alza promedio en la región metropolitana rondará el 3,59 por ciento, mientras que en gas la suba promedio nacional será del 16,86 por ciento.
Estos aumentos, se explicó, responden a cuatro factores: la cuota mensual de la Revisión Quinquenal Tarifaria, el ajuste automático por fórmula (IPIM + IPC), la aplicación del nuevo esquema de subsidios y la puesta en marcha de un precio de gas unificado durante todo el año.
Menos subsidios
El nuevo esquema de Subsidio Energético Focalizado (SEF), que comenzará a regir este mes, elimina la segmentación por ingresos altos, medios y bajos y deja solo dos categorías: usuarios con subsidio y sin subsidio. El umbral para acceder al beneficio baja de 3,5 a 3 canastas básicas totales. Esto implica que parte de los hogares de ingresos medios perderán la bonificación. Según la Secretaría de Energía, serían unas 140.000 familias, pero la fundación FIEL estima cifras mayores, en torno a los 500.000 usuarios de electricidad y 300.000 de gas.
Las tarifas se encarecerán más para los hogares de menores ingresos. La consultora Economía y Energía calculó subas del 20 por ciento en electricidad y del 23 por ciento en gas en términos reales frente a las boletas de 2025, aunque con bonificaciones estacionales que atenúan el impacto en los meses de mayor consumo.
El objetivo del Gobierno es doble. Por un lado, pretende reducir el peso de los subsidios del 0,65 al 0,5 por ciento del PBI y avanzar en una mayor cobertura del costo real del servicio, que en 2026 pasará en promedio del actual 55 por ciento al 76 por ciento en electricidad y al 79 por ciento en gas.
Por otra parte, se busca evitar picos estacionales que se trasladen de golpe al IPC. El “aplanamiento” tarifario apunta a dar previsibilidad: subas mensuales algo mayores que la inflación, pero sin sobresaltos en invierno, según lo anticipado por Caputo.
No obstante, el ajuste de tarifas por encima del IPC podría tensionar el relato desinflacionario del Gobierno, que en el Presupuesto 2026 proyectó una suba anual de precios del 10,1 por ciento, con una meta implícita de variaciones mensuales cercanas a cero hacia agosto. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, en cambio, prevé una inflación del 22,5 por ciento para 2026, es decir, más del doble de lo presupuestado por Economía.





