la enseñanza del tango desde las entrañas, un estilo que suma seguidores en la CIUDAD/ EL DIA
Las noches de verano en Plaza Malvinas siempre traen el recuerdo de otro tiempo: casi todos los platenses tenemos alguna evocación que nos transporta a ese lugar. La fuente, el monumento a los caídos, el olor a tilo en primavera. Los sábados a la noche, si nos adentramos en su centro cultural podemos encontrarnos inmersos en otro mundo. Afuera del salón, ocurren las clases entre nuevos personajes que se adentran a la milonga y profesores que sostienen el espacio.
Las sillas de plástico alrededor del salón de parqué donde se sitúan mujeres que esperan que alguien las saque a bailar. La música entre tandas parece no tener ninguna conexión con la milonga que corta los aproximadamente tres temas que suenan en cada una. Mujeres adultas bailan abrazadas de jóvenes de unos treinta y cortos años. Hombres vestidos de punta en blanco que invitan a mujeres de su misma edad pero también a otras de la mitad de sus edades.
Ahí espera Fernando Napoliello, profesor de referencia cuando de tango se habla. Lo sostienen cuatro puntos cardinales que guían quien es y quien fue: Kike, Facundo, Martín y Rogelio. Todos con historias en particular sobre lo que él significa en su vida pero sobre todo a partir de una premisa: desde la llegada de Fernando sus vidas no fueron las mismas “Napo puede abrirte las puertas del infierno como las del mismísimo cielo, te conectas con sensaciones únicas”, aseguran.
Hablamos de sostener porque desde el diagnóstico de Fernando con ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) en 2021, el círculo que lo rodea funciona como sostén fundamental. Son ellos cuatro quienes lo acompañan y quienes lo convencieron de seguir resistiendo junto a ellos. Sostienen la mística de quien fue Fernando, su legado y quien seguirá siendo en esta nueva forma.
La milonga tiene personajes diversos: históricos, extranjeros curiosos, jóvenes que practican y aprenden de los más grandes. Algunos enigmáticos, otros que ríen en grupo “La milonga como el mundo de fantasía que sólo existe de noche, no sabemos qué hacen los personajes durante el día ni quienes somos realmente”, dice Fernando. Lo saludan todos, lo besan, lo agarran de las manos. De muchos desconoce sus nombres pero hay una comunión: todos saben quién es.
¿Quién es Fernando Napoliello?
Criado en un hogar de milongueros, su padre darienzista y su madre más abierta, Fernando cuenta que escuchaba también música clásica. Conversamos de esa resistencia de la juventud ante los gustos de nuestros padres, aunque incluso con el paso de los años no pudo escapar de las melodías con las que se crío.
Hay un punto de inflexión donde habla como si fuera una señal de otro plano. Escucha a Sur de Edmundo Rivero en el programa de radio de Bobby Flores sintiendo con los huesos que hay algo en ese tango que no puede explicar: “Sentí cómo si me metieran un cuchillo, no sabía que me pasaba” cuenta.
Fernando trabajaba con las manos mientras criaba a sus hijos; la sensibilidad del tacto viene desde antes de quien tiene que trabajar de lo que sea para sostener a la familia. También trabajó en la Municipalidad, ahí una compañera lo invitó por primera vez a una clase de salsa. El tango empieza en la Casa del Tango (43 entre 3 y 4) quienes Fernando explica que le enseñaron de técnica. Pero la sensación, la explosión llego con el taller de Carlos “El negro” Terraza. Ahí le transmiten la pasión por enseñarle al otro y conoce a Carlos Gavino “Gavito” en Capital Federal. Esta figura es quien le entrega la pasión por defender la danza casi como una militancia política, con él entiende lo que es sentir el tango desde las tripas.
Tango desde el abrazo
Hay algo diferente en la enseñanza de Fernando: sostiene el abrazo como eje fundamental del baile. Pero no solo por las reglas per se; porque el tango sin la conexión con el otro no existe. Cuenta las diferencias con el tango de escenario: “Ahí importa mucho el show, el firulete” explica. Acá importa otra cosa: sentir el tango, sentir al otro, entenderlo, escuchar lo que nos dice el cuerpo. Cuidar a quien tenemos en nuestros brazos como esa importancia de la humanidad que parece que escasea en estos tiempos. “Ser milonguero: conmoverse con un abrazo, sin importarte la técnica o el entorno. Si vos latís con otro, te abrazás con otro indicado. Los corazones vuelan, es lo más cercano a la magia”, reflexiona.
Fernando enseña a prestar atención a la musicalidad, el silencio, las cuerdas. Hacerles entender la técnica, aprender a sentir y sobre todo aprender a escuchar. “A dejarte llevar por tus pies y terminar en la milonga sin saber en que parte de la pista estás”, asegura.
Desde 2021 Fernando tiene diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiótica (ELA)
Sostiene la importancia de sentir especialmente separándose de lo que se espera que sea el tango, lo que se espera que sean quienes bailan: “Los tipos tienen esa cara de machos cabríos, la mina con cara de orgasmo. Eso no es real”, dice. Fernando reflexiona sobre lo ficticio y la necesidad de lo visceral: los olores, los portes. La posibilidad de que uno se prepare para hacer sentir bien al otro.
La seducción y el rol tradicional de los varones en la guía del tango ha cambiado; pero la seducción forma parte fundamental de la disciplina “Pasa por el corazón y la cabeza, por ahí pasa la seducción no por el cuerpo. Diferencia con la salsa o la bachata, por eso lo hace tan peligroso”, sentencia.
Laura, la familia y el aguante
Fernando cuenta que cuando las tres mujeres se aparecieron en la milonga supo que había algo en la forma que tenía Laura simplemente al pararse. Laura por su parte, dice que ella ya había aprendido sobre técnica y coreografías al bailar “tenÍa un abrazo que para mi era irresistible, sentí magia ahí. Ya no me importó lo que tenía que hacer con los pies “, rememora. Un día ella comenzó en el taller de Terraza comenzó la historia entre ellos dos; la invita después de milongas compartidas a dar clases junto a él en 2005 en el Club Español y en Berazategui.
Conformaron entre otros amigos milongueros, la Guardia Milonguera, una asociación civil con el objetivo de difundir el tango a la comunidad pero también de sostener los principios básicos de la milonga. La Guardia sostenía la idea tanguera en un momento donde el tango electrónico se abría paso y parecía que la milonga como tal se había desmadrado. Organizaron eventos, clases e incluso un programa de radio.
Hablan con admiración del otro, Laura insiste en la pasión y en la generosidad de Fernando a la hora de dar clases, la pasión y respeto que transmite hacia sus alumnos. Cuenta de la conexión más allá de la piel que ahora que no pueden bailar se siente tan profundamente. Él piensa que sin ella no hubiera podido, el equipo formado junto a ella y sus dos hijas Malena y Violeta. La dificultad de la cotidianidad que es atravesada por la enfermedad y el recuerdo de lo que fue pero que resiste desde la magia y lo que se siente.
Clases
Fernando se encuentra dando clases de tango durante el verano los Martes y Viernes a las 20.30 horas en calle 14 entre 57 y 58 n 1228. Además de organizar la milonga de Plaza Malvinas los sábados y “La Clandestina” los domingos.






