Anoeta confirmó el renacer de un Sporting al que el mini stage en País Vasco le ha sentado de maravilla. Los rojiblancos conquistaron (0-1) el templo de la Real tras vencer a su filial gracias a un gol de un futbolista mayúsculo como es Gelabert. La Mareona convirtió el escenario en un pequeño Molinón; casi la mitad del aforo (4.046) eran gargantas sportinguistas. En un deporte que se vive en presente, el triunfo supone un soplo de aire fresca para un proyecto necesitado de alegrías. No fue –ni mucho menos- un partido redondo del equipo gijonés, a quien le costó aclimatarse. Pero la semana deja una noticia: la mejoría en defensa. Dos partidos seguidos en los que el equipo ha echado el cerrojo y ha recuperado efectividad en las áreas.

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