El Movistar Arena le devolverá hoy el aplauso a Walter Szczerbiak, una de esas figuras que pertenecen a un baloncesto de otra época… pero con un récord que sigue siendo de todas: 65 puntos en un partido de Liga, la mayor anotación que se ha visto jamás en España.
La historia tiene fecha marcada: 8 de febrero de 1976, Real Madrid–Breogán. No había triples, ni rotaciones largas, ni ataques pensados para repartir tiros. Había un alero con bigote eterno, el número 10, y una obsesión casi infantil por no fallar. Aquella mañana —sí, mañana, porque el partido se jugó en horario matinal— Szczerbiak entró en trance: 25/27 en tiros de dos y 15/17 en libres, 40 minutos completos, y una sensación en la grada de estar viendo algo irrepetible.
Detrás de la exhibición, la anécdota que siempre vuelve: la “espinita” de una crítica. Días antes, una crónica le había señalado con dureza y él, orgulloso, respondió como respondían los grandes de entonces: con puntos. “Quise hacer el partido perfecto”, recordaría despuéstodavía con esa mezcla de sonrisa y desafío que tienen los competidores de verdad.
La ACB le realizó esta semana un homenaje a la espera de recibir el calor del Movistar Arena esta tarde /ACB
Respuesta a la crítica periodística
“Quería quitarme la espina tras una mala valoración que me pusieron en el diario AS después del partido anterior. Aquel encuentro empezó algo igualado y poco a poco fuimos cogiendo ritmo, porque el Madrid de aquella época era una bola de nieve que con el paso de los minutos se convertía en avalancha”explicó en el homenaje que recibió en la ACB.
“Lo que nos hacía ganar de tantos puntos era nuestra forma de atacar”continuó. “Lo malo es que no había criterios unificados, por eso quiero felicitar a la acb por lo que ha hecho por el baloncesto español. En nuestra época no lo había”, explicó.

Algunos ex compañeros quisieron estar a su lado en ese primer homenaje en la ACB /ACB
Quien fuera base en aquel equipo de ensueño, Carmelo Cabrera, aseguró que “tener a Walter de compañero, también de habitación, era maravilloso. Me quedo con una frase que dijo tras aquel partido: ‘entre Cabrera y yo metimos 69’. Alguna asistencia le di, tanto yo, como Vicente Ramos y Juanito Corbalán”.
En 1973 aterriza en el Madrid
Y es que la vida de Walter ya venía escrita con giros imposibles: nacido en un campo de refugiados en Hamburgo, criado en Estados Unidos, y con un camino que llegó a rozar la idea de ser sacerdote antes de que el balón le cambiara el destino. En 1973 aterrizó en el Real Madrid y, durante siete temporadas, fue esa máquina elegante de anotar que encajó como un guante en el baloncesto de Ferrándiz y compañía: títulos, Copas de Europa y la sensación de que, cuando recibía, el ataque ya estaba medio resuelto.

El estadounidense marcó una época como madridista / R.MADRID
Los que jugaron con él lo cuentan mejor. Juan Antonio Corbalán lo resumió con una frase que explica por qué aquel récord parece blindado: le daba el balón lejos, “a ocho metros”y era canasta; Szczerbiak celebraba con un “bingo” como si la puntería fuera un juego privado. En una Liga donde hoy manda la rotación, la pizarra y el reparto de tiros, él mismo admite que lo suyo sería “muy difícil” de repetir.
Por eso el reconocimiento de esta tarde, con motivo del encuentro entre el Madrid y el Covirán Granada, no es solo un homenaje a un número. Es un guiño a un jugador que convirtió el oficio de anotar en costumbre, a una mañana de 1976 que aún retumba en las hemerotecasy a un Real Madrid que también se explica por sus leyendas. Medio siglo después, el récord sigue ahí: quieto, desafiante… como el bigote.






