Los que conocen al dedillo los entresijos del fútbol saben que lo que marca la diferencia es un buen vestuario. Si entre las cuatro paredes no hay unión, no hay ‘feeling’, no habrá nada que hacer por muy buenos que sean los jugadores. La manera como Hansi Flick gestiona la plantilla del FC Barcelona es ejemplar y la mejor garantía de éxito.
El Barça es una piña y hay momentos que así lo simbolizan. El gol de Marc Bernal al Mallorca para poner la guinda a una gran segunda mitad y certificar el 3-0 es uno de esos instantes que se fijan en la retina. La alegría sincera de sus compañeros, del staff técnico liderado por Flick. La liberación tras meses y meses de haberlo pasado mal, de haber salido por fin del túnel y solo ver un luminoso horizonte por delante. Con este vestuario, con este entrenador, se puede ir al fin del mundo.
De menos a más… excepto Rashford
Al Barça le están costando las primeras partes, y más ante rivales que se cierran y son rápidos en las transiciones. Marcus Rashford es un jugador a menudo anárquico, pero esta vez fue una bendición. Porque jugó a otra velocidad del resto y se fabricó el primero de la tarde. Marcado por Lewandowski al rechace, para todos aquellos que se empeñan en ‘jubilar’ al polaco antes de hora.
Las segundas partes son otro rollo. Otro Barça. Liderado por Lamine Yamal, eso no cambia. Ya no es noticia que el canterano se eche al equipo a sus espaldas, ni que vuelva a marcar, pues suma cinco partidos consecutivos celebrando dianas. Sí lo fue el obús con el que abrió el marcador. Un recurso más. Cada vez más completo, cada vez mejor.
El gol más esperado
Quintero González se comió un penalti clarísimo sobre el de Rocafonda, tocaba cerrar el partido para evitar ‘sorpresas’. Así que Marc Bernal se disfrazó, días antes de arrancar el Carnaval, de héroe inesperado. O quizás no tanto, porque el de Berga atesora unas cualidades futbolísticas impresionantes. Ver a un centrocampista de 1,93 metros moverse a una endiablada velocidad y manejar la zurda con sutileza para recortar y llevar al suelo a Pablo Maffeo fue una maravilla. La definición, con la ayuda de Mascarell, llevó al Spotify Camp Nou a un estado de alegría y de comunión colectiva. Se lo merecía.
La secuencia del gol de Marc Bernal al Mallorca / Dani Barbeito/EFE
El Barça está feliz. Líder de LaLiga, en octavos de la Champions League sin necesidad de play-off, semifinalista de la Copa del Rey y ya con la Supercopa de España en el bolsillo. ¿Qué más se puede pedir? A 600 kilómetros, en el Bernabéu, se fueron a dormir anoche a cuatro puntos de los azulgranas y les espera el infierno de Mestalla antes de jugarse Europa contra Mourinho. Es otra historia.








