Arbeloa asumió el timón del Real Madrid el pasado 13 de enero. No ha pasado todavía ni un mes desde entonces y sin embargo parece un mundo. Por el camino, el técnico salmantino ha conseguido tres victorias: una muy solvente contra el Villarreal, otra de explosión ofensiva contra el Mónaco y una última ‘in extremis’ contra un Rayo que cayó con nueve a causa de un penalti transformado sobre el tiempo cumplido. A esto hay que sumarle la deshonrosa derrota en el debut en Copa ante el Albacete y el doloroso 4-2 ante el Benfica dejó al club fuera del ‘top 8’. Más allá de los resultados, el caos táctico se ha agravado.
Cinco delanteros para el asedio
El Real Madrid sacó adelante el encuentro contra el Rayo tras terminar el partido con cinco atacantes: Vinicius, Mbappé, Gonzalo, Rodrygo y Brahim. En el medio, únicamente Ceballos, el único que puso sentido al juego de un equipo sumido en la desesperación. Atrás, Camavinga y Valverde, dos centrocampistas que ya se han habituado a jugar de laterales. En el centro de la zaga, Huijsen y Alaba, una pareja inédita de centrales que provoca comparaciones incómodas con el pasado.
Jude Bellingham, tras lesionarse en el primer tramo del Real Madrid – Rayo. / Prensa asociada/LaPresse / LAP
Xabi Alonso cayó preso de los resultados, pero sobre todo de las sensaciones. Probó todo lo que pudo: desde defensa con tres centrales hasta un 4-4-2 canónico para terminar en el 4-3-3 al que el Real Madrid ha recurrido con insistencia desde la llegada de Mbappé. El motivo principal: darle acomodo a los “intocables”, como los denominó Arbeloa. El primero, el francés, después Vinicius, hace un tiempo Rodrygo y desde el regreso de su lesión Bellingham, quien ha vuelto a la enfermería.
El inglés es el mejor reflejo del desorden táctico en el que se ha instalado el Real Madrid. Un centrocampista que alcanzó su versión puntera en la temporada de estreno de blanco como hombre avanzado. Para Xabi Alonso, en su presentación, era centrocampista. Pero ni él ni Arbeloa han conseguido atarle en corto en una posición, por lo que ejerce de verso libre. La mala planificación quedó plasmada en el gesto que hizo Jude antes de empezar el encuentro, cuando sintió un dolor que terminaría por confirmarse.

El entrenador del Real Madrid, Álvaro Arbeloa (d), da instrucciones al portero Thibaut Courtois (i) durante el partido de LaLiga. / Ballesteros / EFE
Tres centrocampistas fuera de sitio
Tras el gol de Jorge de Frutos, que hizo posible el empate del Rayo y espoleó, de nuevo, los pitos del Bernabéu, el Real Madrid perdió por completo el norte. Hay varias acciones que lo demuestran. La primera es la de Gonzalo teniendo que achicar un mano a mano que Ratiu falló frente a Courtois. La segunda, los pases en corto de Huijsen cerca del área para provocar la estampida rival. La tercera, Vinicius elevándose para rematar de cabeza una jugada balón parado.
El Real Madrid conservó los tres puntos y dejó en uno la distancia con el Barça de Flick más por desesperación que por ingenio. “Nos queda mucho trabajo por delante, pero yo no soy Gandalf el Blanco”, se defendió Arbeloa en sala de prensa, consciente de que está en un callejón sin salida. Con el juego entregado a los futbolistas, las carencias se agudizan, salvo en acciones contadas como la del primer gol de Vinicius. No es simplemente una cuestión en la conducción del juego, sino un problema estructural.

Vinicius disputa un balón con Ratiu en el Real Madrid – Rayo. / Ballesteros / EFE
Arbeloa ha tratado de poner los que el considera como “los buenos” en el campo, para que a partir de ahí funcione un autómata al que le ha pedido, simplemente, orden y líneas juntas. Como lo que hacía su antecesor Xabi Alonso, con la salvedad de que en la actual gerencia se han limitado lo que consideran como carreras innecesarias. Esto ha provocado una situación en la que ningún elemento responde a lo colectivo.
Incluso aquellos que, como Güler, tenían un mayor sentido de la cooperación. La realidad, sin embargo, es la que dibuja la segunda parte del Real Madrid. Con tres de los centrocampistas llamados a marcar una época en el club jugando fuera de su posición: Valverde de lateral derecho, Camavinga de lateral izquierdo y Tchouaméni de central. “¡Ya está Mierda! ¡Siempre igual, vamos!”lamentó Vinicius tras su primer gol, refiriéndose a una reincidencia que no es solo del público, sino cada vez más, de un equipo a la deriva.








