El Barça es el club más especial del mundo porque es también el más democráticoentre otras maravillas que lo definen como La Masia. No existe nada igual; a este nivel, no. Pero la democracia, el menos malo de los sistemas (políticos, no económicos) que nos hemos dado entre todos, desgasta mucho porque necesita de un consenso social que genera grandes batallas por el poder. Quienes, por el contrario, lo imponen suelen tener menos canas y una vida más larga.
Laporta espera paciente el desenlace de las elecciones del 15 de marzo / Dani Barbeito / SPO
Flick, un tipo listo, no solo captó rápido la esencia de esta entidad, sino que se la ha hecho propia. Le gusta y se nota. Seguramente por esa razón se ha normalizado que, como entrenador del primer equipo, como empleado, se haya mojado antes y después de que la junta directiva anunciara la fecha de las próximas elecciones a la presidencia. Algo debe tener Juan Laporta para lograr que la mayor leyenda que haya dado el fútbol a lo largo de la historia ejerciera su derecho a voto por primera vez en las elecciones de 2021, un gesto meridiano que confirmaba su apuesta por quien ya había sido su presidente. Fue, junto al burofax trasladado a José María Bartomeulas únicas dos acciones directas y más o menos públicas de Leo Messi para influir al más alto nivel institucional. Hansi ha tardado mucho menos en dar su implícito apoyo a Laporta y confirmó, en la previa ante el Oviedo, que “yo votaré”.
Aislar al equipo
El alemán, que por supuesto votará a quien le fichó, también pide estabilidad para que las elecciones no afecten al proyecto deportivo. No es algo nuevo vincular este proceso democrático al desarrollo de la temporada, aunque tiene poca base empírica porque, normalmente, los futbolistas van a la suya. En ocasiones puede servir de excusa si las cosas no van bien, pero se convierten en ruido ajeno al vestuario cuando todo fluye, como es hoy el caso.
Ocho partidos más tarde, el Barça regresó a casa y confirmó que la velocidad de crucero es una realidad y que ni los arbitrajes tendenciosos o directamente malintencionados, ni los viajes que desgastan, ni el cambio de clima continuo, ni tampoco las lesiones o los movimientos de mercado van a desviarle de su camino. Si todo ello no ha servido para que, tras ganar al Oviedo, recupere el liderato y esté a un paso del Top-8 de la Champions, tampoco debería tener influencia lo que los socios y socias del club más democrático del mundo elijan el próximo 15 de marzo. Si Flick quiere aislar al equipo del ruido, deberá solo centrarse en su trabajo y votar, como ayer, por ser campeón.







