Pocos motivos de celebración tiene el una cuerda esta temporada, inmerso en una profunda crisis tanto deportiva como institucional. Ayer, sin embargo, vivió una jornada de fiesta al imponerse en casa a los Go Ahead Eagles (3-1) en la Europa League, poniendo fin a una racha de 18 partidos sin ganar en competiciones continentales.
Las ‘águilas’ empezaban la jornada como colistas, habiendo perdido todos los encuentros de la presente campaña y, pese a la alegría que supuso el triunfo de ayer, los tres puntos llegan demasiado tarde: no bastan para aspirar a los play-offsy el equipo se despedirá de Europa la semana que viene en casa del Ludogorets.
De pelear por la Champions a evitar el descenso
La situación del Niza este año es caótica. Ocupan la decimoquinta posición en la Ligue 1 y encadenan ocho partidos sin ganar. La última victoria liguera fue el 29 de octubre, en casa ante el Lille. Todo lo contrario a la pasada temporada, cuando acabaron cuartos, a solo cuatro puntos del segundo, los mismos que hoy les separan del descenso.
Los malos resultados derivaron en una escalada de tensión crítica dentro del club. El 30 de noviembre, dos jugadores, Jérémie Boga y Terem Moffi, fueron agredidos por sus propios aficionados al bajarse del autobús, sufriendo lesiones graves y quedando de baja médica. Ninguno de los dos ha vuelto a jugar, y ambos han llevado el caso a los tribunales para rescindir su contrato.
La imposibilidad de revertir la dinámica deportiva y la ruptura con la afición acabaron provocando la salida de Franck Haise, que dimitió a finales de diciembre alegando agotamiento y falta de fuerzas para seguir en un ambiente tan hostil. Claude Puel, que ya ocupó el banquillo entre 2012 y 2016, tomó las riendas, aunque el rumbo del equipo sigue sin cambiar: empató ante el Estrasburgo, ganó al Nantes en la Copa por penaltis y cayó por un contundente 5-1 ante el Toulouse en la última jornada liguera.
INEOS, el gran culpable
La crisis que hoy tiene al Niza al borde del descenso no es fruto del azar. Es el resultado de una gestión negligente por parte de INEOS. Jim Ratcliffe adquirió el club en 2019 con la intención de hacer sombra al PSG, pero desde que centró su atención, y su dinero, en el Manchester Unitedel proyecto del Niza ha pasado de ser la joya de la corona a un laboratorio de pruebas abandonado.
La desatención es total: se ha permitido la fuga de talento en la directiva sin sustitutos de garantías y se ha instaurado una política de fichajes erráticamarcada por cesiones y operaciones de bajo coste. En una liga tan competitiva como la francesa, la falta de inversión real y estructural no deja margen de supervivencia.
Jim Ratcliffe, el principal culpable de la crisis del OGC Nice / Dave Shopland / AP
El gran pecado de INEOS ha sido la pérdida de identidad y la constante inestabilidad. La salida de Jean-Pierre Rivère tras 14 años como presidente dejó un vacío de poder y una sensación de deriva que refleja la ausencia de un rumbo claro. Hoy, el Niza no es más que una víctima colateral de una multinacional que solo tiene los ojos puestos en Old Traffordaunque allí tampoco estén precisamente para tirar cohetes.
Consciente de la fallida del proyecto, Ratcliffe puso el club a la venta hace meses pidiendo unos 250 millones de euros. Sin embargo, la falta de compradores y la crisis deportiva han obligado a INEOS a bajar sus pretensiones.








