Ona Batlle fue, con permiso de Irene Paredes, el nombre propio de la semifinal de la Supercopa. Un gol, una asistencia y una actuación brillante para decidir un partido grande en un contexto exigente. La lateral catalana regresaba tras varias semanas fuera y completó su primer encuentro entero desde su vuelta con el año nuevo, recordando por qué es una futbolista capital para el Barça y una de las mejores laterales del mundo.
Su exhibición llegó, además, en medio de un ruido inevitable. En los últimos días se habló más de su futuro que de su fútbol, a raíz de unas declaraciones de su representante en El Patio en las que, recurriendo a una hipérbole evidente, afirmó que “vendería el Camp Nou” para retenerla. El mensaje, claramente irónico, apuntaba a una idea muy concreta: Ona es una futbolista por la que merece la pena hacer todo lo posible, siendo conscientes —también desde su parte— de la situación económica del club y de las limitaciones que impone el fair play.
La realidad es sencilla y compleja a la vez. Ona Batlle está a un nivel altísimo y es crucial en este equipo por lo que aporta en ataque, por su fiabilidad defensiva, por su capacidad física y por su inteligencia competitiva. A partir de ahí, el Barça también ha demostrado que tiene alternativas y soluciones: Aïcha Camara ha rendido muy bien cuando ha sido necesario, incluso en escenarios de máxima exigencia, como el Clásico o Stamford Bridge. El equipo no se cae sin Ona, pero con Ona es claramente mejor. Sin ella, habría que acudir al mercado. Y no es fácil encontrar un perfil que dé la talla.
También es una realidad que la lateral cuenta con ofertas muy potentes, especialmente del Chelsea y del London City Lionesses, y que termina contrato el 30 de junio. Si acaba marchándose, no será por un desencuentro con el club, sino por una suma de factores personales —sin obviar el económico— que pesan, y mucho, en cualquier carrera profesional.
Ona Batlle celebra su gol en la semifinal de la Supercopa / Manuel Bruque
En los despachos del Barça la renovación de Ona siempre ha sido prioritaria, más aún después de cerrar otras carpetas importantes, como la de Cata Coll o la de Claudia Pina. Se conoce su calidad, su peso en el vestuario y su profundo sentimiento culé, pero tanto Xavi Puig como Marc Vivés han sido siempre claros: el club no va a estirar más el brazo que la manga por nadie. Y ya lo dijo Pere Romeu antes de deshacerse en elogios hacia Ona: “Nadie está por encima del club”. A día de hoy, las partes están en negociaciones y la decisión aún no está tomada. El Barça ofrecerá lo máximo posible dentro de sus posibilidades, porque el proyecto debe sostenerse en el tiempo y ser coherente.
Cuando entran en juego motivos personales, la ecuación se vuelve aún más delicada. Ya pasó en el pasado con Lieke Martens o Mariona Caldentey. Por eso, más allá de mensajes sacados de contexto —y sin entrar a valorar si fueron oportunos o no, porque ese no es el punto del artículo—, la clave está en hacer bien las cosas: el Barça debe poner sobre la mesa su mejor propuesta y Ona, que siempre quiso volver al club de su vida y cumplir ese sueño, valorar si este sigue siendo el lugar ideal para continuar creciendo y haciendo historia.
Renovar a Ona Batlle sería una gran noticia para el proyecto. No solo por lo que es hoy, sino por lo que representa: presente, identidad y fiabilidad competitiva. Separar caminos sería una pena. Porque hay futbolistas que encajan en muchos equipos… y otras que encajan especialmente en uno. Y Ona, ahora mismo, parece estar exactamente donde debe








