Solo hicieron falta 25 millones para fichar a Joan Garciaun portero llamado a marcar un antes y un después tanto con la camiseta del FC Barcelona como con la selección absoluta, pese a que Luis de la Fuente aún no lo ha convocado. El de Sallent no solo es un ‘gato’ bajo los palos, sino que también ha demostrado ser un diez como persona, con un comportamiento siempre ejemplar.
Y así lo demostró el pasado sábado en el RCDE Stadiumen su regreso tras firmar por el Barça, el eterno rival del Espanyol. La afición blanquiazul tenía el partido marcado en rojo en el calendario y preparó un recibimiento hostil, con pancartas en contra de su figura y la presencia de numerosas ratas. Además, el club blindó a Joan con redes detrás de las gradas para evitar lanzamientos, aunque algunos mecheros lograron colarse.
Pese a todo, la reacción de Joan fue ejemplar: los apartó con calma y continuó plenamente centrado en el juego. El de Sallent estuvo sobresaliente, sosteniendo al Barça con una parada antológica a Pere Milla y salvando posteriormente un mano a mano frente a Roberto.
Su actuación está en boca de todos, y desde SPORT hemos contactado con Carles Marcos, psicólogo y ‘coach’, para entender cómo el portero de Sallent aguantó la presión en un partido tan complejo. “Joan Garcia soportó la presión gracias a su carácter de líder”, explicó.
No era un escenario sencillo para él: “Hace un año era el ídolo de la afición del Espanyol, con declaraciones de amor y su beso al escudo cuando terminó la Liga, para después decidir marcharse al eterno rival“.

Joan García, MVP del derbi ante el Espanyol / Siu Wu (AP)
Marcos se sinceró al reconocer que fue una decisión que “provocó una rabia que se podía entender, perfectamente“, aunque siempre “dentro de las emociones que provoca el mundo del fútbol”, sin incitar a la violencia.
La concentración de Joan Garcia, clave
Tiene claro que su carácter fue determinante para afrontar un momento tan exigente, ya que Joan sabe gestionar la parte emocional a un nivel muy alto. En un contexto cargado de tensión, supo aislarse del ruido exterior y centrarse exclusivamente en el juego, algo al alcance de muy pocos futbolistas.
Esa fortaleza mental quedó reflejada sobre el terreno de juego: no realizó ningún gesto hacia la grada, no dirigió una sola palabra y tampoco celebró los goles de su equipo. “Esa concentración fue clave por el devenir del partido“, concluyó.








