Un año y medio después de salir de la cárcel, Iñaki Urdangarín ha decidido poner por escrito aquello que nunca llegó a verbalizar ante la opinión pública. Casado hasta 2022 con Cristina de Borbón, fue condenado a cinco años y diez meses de prisión por prevaricación, fraude, tráfico de influencias y dos delitos contra Hacienda.
En sus primeras declaraciones, el exduque de Palma reconoció que lloró “muchísimo” durante los primeros tres meses en prisión, y que aquella etapa marcó un antes y un después en su vida.
La rutina de Urdangarin en la cárcel
En su rutina diaria dentro del módulo, Urdangarin encontraba pequeños espacios de normalidad. “Me levantaba a las 9, almorzaba y tenía hasta las 3 en el módulo; podías trabajar, estar en el patio… me aprobaron una bicicleta, comía a las cinco y hasta a las ocho se hacía muy largo. Hacía bastante deporte”, relató. La bicicleta estática le permitió crear una rutina con entrenamientos variados, con y sin música, adaptados a las condiciones del centro penitenciario. “Al principio hacía mucho frío, y después ponían la calefacción. Me la aprobaron por las condiciones que tenía”, añadió.
Además del deporte, Urdangarin encontró en la escritura y la lectura un refugio. “Muchas cartas, libros y poco más. Escribía mucho. ‘Si estás enfermo, ponlo, si quieres comentar las visitas de la familia, pónlo’, me decían los del centro”, comentó. Las cartas, tanto de amigos como de desconocidos, le ayudaron a mantener el contacto con el mundo exterior y a recibir apoyo moral. “Que la gente se acuerde de ti reconforta mucho”, reconoció.
El regalo de Barrufet
El contacto con su familia estaba limitado por normas estrictas. “Te dejan 10 llamadas a la semana de 7 minutos. Solo puedes llamar a las 10 personas que das al principio”, explicó. Aun así, mantenía la preocupación mutua: “Yo estaba bien si lo de fuera funcionaba bien. Y ellos estaban bien si yo estaba bien”. Para sobrellevar la presión, pidió realizar ejercicios de bienestar emocional y cursos para gestionar estrés y tristeza, usando papel y lápiz como en el colegio.
El deporte fue otra herramienta de supervivencia y aprendizaje. Gracias a regalos de antiguos compañeros, como una pelota de balonmano y una red de David Barrufetpudo seguir entrenando. Incluso logró sacarse el título de entrenador nacional mientras estaba en prisión. “El deporte fue mi medicina; sin deporte no podría haber salido bien de allí”, reconoció, mostrando cómo convirtió la disciplina deportiva en un pilar emocional.
Urdangarin también reflexiona sobre el impacto personal de la prisión. “Me ha sacado nuevos comportamientos, me ha ayudado a ser más persona. He tenido la oportunidad de conocerme más y preparar una nueva etapa de mi vida. He estudiado mucho. ¿Qué he perdido? Mucho tiempo. Materialmente, todo. Y perdí uno de los amores de mi vida, que es la Cristina. Lo pasamos muy mal y tuvo consecuencias”afirmó, evocando tanto la pérdida como el aprendizaje obtenido.
La camiseta colgada en el Palau Blaugrana
En su vida familiar, destaca la resiliencia compartida con sus hijos, dispersos por distintas ciudades y universidades: Pablo en Barcelona, Juan en Londres, Miguel en Madrid y Irene en Inglaterra. “Creo que he sido un muy buen padre. La cárcel me ha dado la imperfección; antes era muy controlador y rígido. Ahora aflojo y soy más comprensible. Son hijos que me hablan bien y tengo confianza con ellos”, afirmó, mostrando cómo la experiencia penitenciaria también transformó su rol como padre.

Iñaki Urdangarin, exjugador de balonmano del Barça / DEPORTE.es
Urdangarin se refirió también a un reconocimiento que permanece intacto pese a su situación judicial: su camiseta colgada en el Palau Blaugrana. “La camiseta colgada va por el reconocimiento deportivo. Esta posición de Laporta, estoy muy orgulloso de él”, dijo. El club decidió mantener la camiseta como homenaje a su trayectoria en el balonmano, destacando que se basa en méritos deportivosno en su vida personal. Joan Laporta defendió públicamente la decisión, subrayando que los logros de Urdangarin justifican que su camiseta siga donde está.








