Jannik pecador puso rumbo a Doha varios días antes del inicio del torneo este próximo lunes. El italiano quiere volver a la senda del triunfo después del revés que supuso caer en semifinales del abrir la australia y con su equipo trabaja intensamente en la capital de Katar para tratar de levantar el primer título del año.
Un viaje que también le ha servido para dar a conocer su nueva colaboración con Nike, que ha preparado una nueva colección especialmente para él basada en sus orígenes.
En el marco de dicho acuerdo, el italiano habló sobre varios temas, abriéndose algo más de lo habitual. Sobre su entorno familiala fama y su clásica y conocida serenidad, dejando ir algún titular curioso.
Antes de los grandes partidos, el tenista italiano describe un estado de calma y concentración ajeno a la estridencia. “Suelo estar muy tranquilo. Intento simplificarlo todo”. Cuando pisa la pista, asegura, la mayor parte del trabajo ya ha sido realizada con anterioridad. La preparación, el entrenamiento y la repetición pertenecen a una fase previa; en los instantes inmediatos al inicio del encuentro, su atención se limita a aquello que está bajo su control.
Me inculcaron la idea de trabajar sin sobrerreaccionar, y por eso el éxito nunca me ha cambiado
Esa estabilidad emocional, explica, tiene su origen en el entorno familiar. “Siempre me he sentido muy tranquilo gracias a mi familia. Me inculcaron la idea de trabajar sin sobrerreaccionar, y por eso el éxito nunca me ha cambiado”. A pesar de su proyección internacional, Sinner insiste en una normalidad de base. “Vengo de una familia completamente corriente. Mi padre era cocinero y mi madre, camarera”. Un anclaje a lo cotidiano que, según reconoce, ha sido determinante para gestionar la presión y las expectativas.
El reconocimiento público, sin embargo, ha traído consigo renuncias menos visibles. A la pregunta sobre el aspecto más difícil de asumir, la respuesta llega sin vacilaciones: “La privacidad”. La exposición permanente forma parte de su día a día. “Vas a un restaurante o caminas por la ciudad haciendo cosas normales y la gente te reconoce. No es un problema, pero hay días en los que uno necesita estar más solo”.
Sinner, durante el Open de Australia /EFE
En la intimidad del hogar, señala, recupera una libertad esencial. “Es el precio que hay que pagar, aunque también es una posición privilegiada”. Y relativiza su lugar en el foco mediático: “Solo soy un jugador de tenis; no soy médico ni trabajo en un hospital. Para mí, ellos son los verdaderos héroes”.
Lejos de la pista y del discurso competitivo, emerge un perfil más íntimo. Tras unos segundos de reflexión, Pecador revela una habilidad que mantiene discretamente en segundo plano. “Soy un buen cocinero”admite con una sonrisa contenida. Un aprendizaje heredado de su padre y reservado a un círculo reducido. “No mucha gente ha probado mis platos, por eso les tengo un especial orgullo”. Eso sí, con una premisa innegociable: “Tiene que ser pasta; de lo contrario, me retirarían el pasaporte”.







