El presidente ruso, Vladimir Putin, hizo una aparición en la ceremonia de apertura de los Juegos de Invierno de Beijing 2022, reuniéndose al margen del evento con su homólogo chino, Xi Jinping, y anunciando una asociación “ilimitada”.
Cuatro días después del final de los Juegos, el 24 de febrero, Vladimir Putin lanzó una “operación militar especial” declarando la guerra a Ucrania. En cuestión de minutos, las tropas rusas invadieron el país y llovieron misiles sobre Kiev, Járkov y otras ciudades.
Según el New York Times, Las autoridades chinas habían pedido al Kremlin esperar hasta el final de los Juegos antes de lanzar el ataque. Desde entonces, Beijing ha negado tener conocimiento previo de la operación.
2018: la unidad coreana en el punto de mira
Mientras Corea del Sur se preparaba para albergar los Juegos de Invierno en su región montañosa de Pyeongchang, a unos cientos de kilómetros de la frontera, los norcoreanos llevaron a cabo pruebas de misiles nucleares, lo que generó preocupación en todo el mundo y llevó al presidente estadounidense Donald Trump a amenazar con ataques al país. El Comité Olímpico Internacional aseguró que estaba “siguiendo de cerca” la situación, en respuesta a las preocupaciones sobre la posibilidad de organizar los Juegos con total seguridad en la península.
Pero en su discurso de Año Nuevo, el dictador norcoreano Kim Jong Un se mostró abierto a participar en los Juegos Olímpicos de Invierno. Al final, los atletas norcoreanos no sólo participaron en los Juegos, sino que durante la ceremonia de apertura desfilaron con sus homólogos surcoreanos bajo una misma bandera, la de un Corea unificada.
Pyongyang y Seúl también unieron fuerzas en el hockey sobre hielo femenino y enviaron solo un equipo a competir: otra rara muestra de unidad lo que había ayudado a reiniciar las conversaciones diplomáticas entre los gobiernos, aunque las tensiones se reanudaron después de los Juegos y continúan hasta el día de hoy.







