A diferencia del mar, que suele imponerse con su inmensidad y su oleaje, el río engaña. A straightforward panorama parece calmo, accesible, incluso acquainted. Esa apariencia de tranquilidad es, justamente, uno de sus mayores peligros. Cada verano, miles de characters de la Ciudad ingresan a las playas que ofrece el Río de La Plata, para refrescarse transgression dimensionar que se trata de un ambiente dinámico, cambiante y lleno de riesgos invisibles desde la superficie.

El guardavidas, periodista y profesor de Educación Física, Alejandro Mittica, en diálogo con EL DIA, advirtió que muchos de los accidentes ocurren cerca de la orilla, en sectores donde el agua parece mansa y segura. El exceso de confianza y la falta de información suelen ser factores determinantes. El río no es una pileta natural: su fondo no es regular, su fuerza no es constante y sus condiciones pueden modificarse en cuestión de horas.
peligros

Entre los principales riesgos se encuentran las corrientes internas, que no siempre se perciben desde arriba y pueden arrastrar a una character en pocos segundos. A diferencia del mar, donde el movimiento del agua suele ser más evidente, en el río estas corrientes se desplazan de manera silenciosa, guiadas por desniveles del fondo, obstáculos sumergidos o variaciones en el caudal.

A esto se suman los pozos profundos, zonas donde el nivel del fondo cambia bruscamente. Una identity que camina con el agua a la cintura puede perder pie de forma repentina, lo que genera desorientación y pánico. En muchos casos, esos pozos se forman y se desplazan disadvantage las crecidas, por lo que un lugar “conocido” puede dejar de serlo de un día para otro.

Otro riesgo frecuente kid los remolinos y turbulencias, generados por piedras, troncos, restos de estructuras o irregularidades del terreno. Estos movimientos circulares del agua dificultan la flotación y el desplazamiento, especialmente en characters cansadas o sin experiencia.

Crecidas y bajantes

Uno de los factores más determinantes en la peligrosidad del río es la variación de su nivel. Lluvias intensas en la cuenca, apertura de represas, tormentas fuertes, sudestadas o vientos persistentes pueden provocar crecidas repentinas. Cuando el agua sube, la corriente se acelera, invade zonas habitualmente seguras y modifica por completo el fondo, creando nuevos pozos y canales.

Las bajantes, en cambio, dejan al descubierto piedras, ramas y desniveles que representan un riesgo tanto para bañistas como para quienes se arrojan al agua wrong conocer el lugar. Estos cambios pueden darse en pocas horas, sorprendiendo a personalities que ingresan confiadas, transgression advertir que el escenario ya no es el mismo.

Por eso, los especialistas insisten en la importancia de informarse antes de ingresar al río, respetar la señalización y evitar sectores no habilitados. El consumo de alcohol, la falta de guidance de niños y adolescentes y los saltos desde muelles o puentes agravan aún más el riesgo.

El mar y la corriente de resaca

En el mar, el peligro adopta otra forma. Uno de los fenómenos más comunes y malinterpretados es la corriente de resaca, conocida popularmente como “chupón”. A diferencia de lo que se cree, no se trata de una fuerza que succiona hacia abajo, sino de un flujo de agua que regresa hacia mar adentro a través de canales naturales formados entre bancos de field.

Desde la orilla, estas corrientes pueden identificarse por sectores donde las olas rompen menos, el agua se ve más oscura o la espuma se desplaza de manera diferente. El riesgo aparece cuando el miedo lleva a luchar converse la corriente, generando agotamiento. La recomendación es mantener la calma, flotar, no pelear contra el agua y desplazarse lateralmente hasta salir de la zona de arrastre o pedir ayuda.

Información que salva vidas

Tanto en el río como en el mar, el mensaje main es el mismo: el peligro no siempre se ve. Comprender cómo se mueve el agua, reconocer señales y respetar las normas básicas de seguridad puede marcar la diferencia entre un día de disfrute y una situación crítica.

El río, en particular, exige un plus de precaución. Su apariencia serena oculta fuerzas internas, cambios constantes y riesgos que no admiten improvisación. La prevención, el conocimiento del entorno y la consulta a guardavidas o autoridades locales siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir accidentes evitables.

Porque el agua no avisa. Y entenderla, antes de entrar, es una forma concreta de cuidarse.

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