Carlos Alcaraz ya está escribiendo su propia historia en el tenis. Su victoria en Melbourne, que le convierte en campeón del Open de Australia por primera vez y le entrega el séptimo Grand Slam de su carrera con apenas 22 años, marca un punto de inflexión.
El murciano ha entrado definitivamente en el territorio reservado a los gigantes. Porque cada major ganado es mucho más que siete partidos. Es resistencia, continuidad, presión y una carrera de fondo. Pero existe una manera distinta de medir la grandeza: cuántos partidos necesita un campeón para conquistar un Grand Slam.
La fórmula es tan simple como reveladora: partidos totales disputados en majors dividido entre títulos levantados. Y el resultado deja a Alcaraz en un lugar que ilusiona… y que inquieta al resto.
Tras Melbourne, carlos presenta un balance global de 91 victorias y 13 derrotas y Grand Slam: 104 fiestas en total. Con 7 títulossu ratio es espectacular: 14,86 partidos por Grand Slam ganado. Dicho de otra forma: Alcaraz está ganando majors a un ritmo más rápido que cualquier miembro del Big Three en sus registros globales.
Alcaraz y la velocidad de un fenómeno
Lo que hace especial a Alcaraz es que su historia apenas empieza y, aun así, ya se mueve con cifras de leyenda. Mientras Djokovic, Nadal y Federer necesitaron años para convertir talento en hegemonía, Carlos ha irrumpido con una eficacia brutal: 104 partidos de Grand Slam, 7 títulos y un ratio de 14,86 partidos por majorel mejor del grupo.
Su último salto llega en Melbourne, donde firma el Open de Australia y suma el séptimo Grand Slam, un hito que refuerza la sensación de que cada gran escenario le pertenece un poco más.
Los siete de Alcaraz
Abierto de Estados Unidos 2022 – (contra Casper Ruud)
Wimbledon 2023 – (contra Novak Djokovic)
Roland Garros 2024 – (contra Alexander Zverev)
Wimbledon 2024 – (contra Novak Djokovic)
Roland Garros 2025 – (contra Jannik Sinner)
Abierto de Estados Unidos 2025 – (contra Jannik Sinner)
Abre la Australia 2026 – (contra Novak Djokovic)
En apenas cuatro temporadas en la élite ha enlazado coronas en todas las superficies —del cemento al césped y la tierra.
Carlos Alcaraz gana el Open de Australia / Aarón Favila
Nadal, la épica hecha cifra
Rafa Nadal, el campeón indomable, cerró su carrera con 22 grandes slams y 358 partidos en majors. Su ratio, 16,27explica la dimensión de su dominio, especialmente en Roland Garros, donde convirtió París en su reino. Nadal fue el símbolo de que un Slam no se gana: se conquista.

Rafa Nadal es el tenista con más títulos de Roland Garros de la historia /EFE
Djokovic, la máquina del siglo
Novak Djokovic es el gran referente estadístico del tenis moderno. Con 24 títulos de Grand Slam y un acumulado de 458 partes en disputael serbio ha convertido la regularidad en una religión. Su ratio es de 19,08 partidos por majorun número que refleja la dificultad de sostenerse durante dos décadas en la cima.
Djokovic no solo ganó, sino que sobrevivió año tras año en el ecosistema más competitivo de la historia.

Novak Djokovic posando con el trofeo de subcampeón en Melbourne / AP
Federer, la era de la elegancia eterna
Roger Federer levantó 20 títulos y disputó 429 partidos de Grand Slam. Su ratio es el más alto del grupo: 21,45 partidos por major. No por falta de grandeza, sino porque su longevidad le llevó a acumular más temporadas de transición, más semifinales y finales perdidas cuando la nueva generación apretaba. Federer fue campeón durante años… y también fue leyenda durante más.

Roger Federer posando con su último Grand Slam en Australia en 2018 /EFE
Su ratio de 14,86 partidos por Slam no significa que el camino vaya a ser fácil. Al contrario: la estadística suele endurecerse con el paso de los años, cuando llegan las derrotas inevitables, la presión acumulada y la obligación de reinventarse.
Tras su triunfo en Melbourne y su séptimo Grand Slam, Alcaraz presenta el mejor ratio de los cuatro, por delante de Rafa Nadal con 16,27, Novak Djokovic estafa 19,08 y Federer estafa 21,45 una comparativa que subraya la velocidad con la que el murciano está convirtiendo partidos grandes en trofeos.








