Para los amantes de las historias basadas en hechos reales, netflix lanzó El falsificadoren italiano el falsificador. Esta película italiana se posicionó en el primer puesto de lo más visto en la plataforma de streaming y no es para menos.

Lo que deja atrapados a todos no es solo el suspenso, sino que está inspirada en la vida de Antonio “Toni” Chichiarelli, un hombre que estuvo involucrado en los conflictos más pesados de la historia del país europeo.

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La trama nos lleva directo a la Roma de los años setenta y ochenta, en plena época de los “años de plomo”, un tiempo donde la violencia política y la mafia estaban a la orden del día. Toni arrancó como un artista frustrado que, como no encontraba lugar en los circuitos del arte oficial, decidió usar su mano de seda para algo mucho más redituable y peligroso: falsificar documentos para el crimen organizado.

La trama traslada a los cinéfilos a Roma y cuenta la historia de un hombre involucrado en los conflictos más pesados de Italia.
La trama traslada a los cinéfilos a Roma y cuenta la historia de un hombre involucrado en los conflictos más pesados de Italia.

Lo que muestra la película es cómo este pintor, con una técnica impecable para replicar estilos, se convierte en una pieza clave para las mafias que operaban en las sombras. Pero él no se quedó solo en el trabajo de oficina para delincuentes.

La historia cuenta que tuvo una participación clave en uno de los momentos más oscuros de Italia: el secuestro de Aldo Moro, el presidente de la Democracia Cristiana.

Fabricó un comunicado falso haciéndose pasar por las Brigadas Rojas para sembrar confusión y manipular la información en un momento donde el país estaba en un hilo.

Su habilidad era tanta que se volvió un personaje codiciado tanto por los criminales como por los propios servicios secretos.

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Pero Toni no sabía cuándo parar. En 1984 estuvo metido en el asalto a la empresa Brink’s Securmark, de donde se llevaron unos 35.000 millones de liras. Fiel a su estilo de “artista del engaño”, dejó material falso en la escena del crimen para despistar a la policía y entorpecer la investigación.

Sin embargo, tanta ambición le terminó costando caro: apenas seis meses después de ese robo, lo asesinaron.

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