Valentino y sus vestidos rojos / web

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Se fue el hombre que vistió a la alta costura de rojo. Valentino Garavani falleció el lunes pasado a los 93 años en su residencia romana. Ha seducido con su arte a las grandes damas de la realeza y creado, con algunas de ellas, simbiosis colaborativas inolvidables.

La primera de esas mujeres que nos viene a la mente es la reina Sofía. A fines de 1975 asumía un príncipe Borbón como rey de España y lo acompañaba su esposa, una desconocida princesa, griega de nacimiento. Juan Carlos y Sofía se habían mantenido a la sombra del dictador Francisco Franco y, a su muerte, les llegaba la hora de brillar. La tibieza en las decisiones, un paso en falso o un atisbo de debilidad podía costarles el trono así que había que encarar el desafío con paso fuerte. Y Sofía entendió que sus atuendos iban a decir por ella mucho más que sus palabras.

El joven Valentino había creado su marca en 1959 y poco después deslumbró con su primera colección. Sus musas habían sido las estrellas de Hollywood, Jacqueline (ya viuda de Kennedy) y Grace Kelly (ya princesa de Mónaco) pero la reina Sofía fue la que lo eligió como su diseñador de cabecera y comenzó una comunión entre ambos que trasciende la posteridad. Quiso el destino que Valentino falleciera el mismo día en que la reina, de 87 años, enterraba en Grecia a Irene, su querida hermana y confidente. Un golpe más para Sofía que hace un año perdió a su hermano, hace un mes a su mejor amiga y hace una semana a su hermana y al hombre que la puso en el mapa del glamour.

La reina Sofía de rojo Valentino / Web

Allá por los 70 el mundo no estaba globalizado y las marcas no tenían sucursal en cada capital de modo que, si bien los diseños y las telas de los primeros vestidos de Sofía eran de Valentino, la confección corría a manos de las hermanas Molinero, dos modistas con atelier en Madrid que llegaban a acuerdos comerciales con los grandes diseñadores para confeccionar réplicas de sus modelos.

Así es como la reina tiene en su vestidor la colección más grande de vestidos firmados por el italiano. Una colección de la que Letizia ha echado mano. Recordemos el Valentino que lució en 2022 por primera vez pero que doña Sofía había estrenado en 1977. La blusa, transparente, está bordada con rosas y hojas verdes y la falda tableada ajusta en la cadera y se va abriendo hacia el ruedo. Tan vintage como espectacular.

Su estilo romántico y su rojo indispensable han poblado casi todos los vestidores de los palacios pero si queremos homenajearlo como corresponde tenemos que hablar de sus vestidos de novia.

Jackie y Marie Chantal con el mismo vestido y JLo con una recreación / Web

MÁXIMO

Clásico, atemporal, moderno pero protocolar. La perfección en un vestido de novia para una princesa destinada a ser reina. Así era el vestido con el que el 2 de febrero de 2002 la economista argentina Máxima Zorreguieta contrajo matrimonio con el príncipe heredero de los Países Bajos. Tres meses le demandó al taller de Valentino este vestido realizado en seda mikado, de color marfil, con escote chimenea, cuerpo ajustado, falda ancha y cola de cinco metros. Una maravilla que marcó el comienzo de una relación entre Máxima y el atelier de Valentino. La línea más romántica del diseñador italiano fue la más elegida por Máxima en vestidos de gala que ha repetido una y otra vez. Pero también hay en su vestidor capas, trajes y accesorios, un par de infaltables vestidos rojos y la línea étnica de la colección de la marca de 2016 de la que el año pasado lució un vestido marrón chocolate en Kenia.

El vestido de Marie Chantal / Web

¿LA MÁS IMPORTANTE?

Sin duda, la “royal” preferida del diseñador recientemente fallecido fue Marie-Chantal Miller, princesa de Grecia por matrimonio. En 1995 Marie Chantal se casó con el príncipe Pablo de Grecia en Londres y entre los 1300 invitados estaba hasta la mismísima reina Isabel II, que se prodigaba poco en este tipo de eventos.

La “royal” preferida del diseñador fue Marie-Chantal Miller, princesa de Grecia por matrimonio

Los griegos en el exilio no estaban tan sobrados de plata pero eso no fue problema: el padre de la novia era el dueño de los duty-free de los aeropuertos del mundo, entre otros negocios multimillonarios. Que el vestido de novia de su hija fuera realizado por Valentino y costara casi 300.000 dólares no le habrá causado ningún cimbronazo económico.

Marie-Chantal lució ese día una de las grandes creaciones y de las más copiadas del diseñador. El vestido era de seda marfil con el cuerpo ajustado y un escote palabra de honor. Se elevaba desde el busto un tul de red con flores bordadas, cerrado hasta el cuello y con mangas ajustadas; la falda tenía forma de tulipán y bordados de cristales, y el velo, bordado en arcos y mariposas, medía cuatro metros y medio.

A Valentino y a Marie-Chantal los unió una gran amistad. Él la eligió para acompañarlo a la inauguración de la exposición Jacqueline Kennedy: Los años de la Casa Blanca, en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, en 2001.

El día que Letizia llevó un Valentino de su suegra / Web

Y para la ocasión le prestó el vestido-capa verde menta que Jackie había estrenado en Camboya en 1968. Todo un honor.

Curiosamente el propio Valentino recreó este vestido en 2003 para que Jennifer López lo llevara a los premios Oscar. Tres mujeres muy diferentes unidas por un diseño clásico que trasciende modas y estilo.

Beatriz Borromeo, Clotilde Coureau y la princesa Sybila llevaron modelos de Valentino en sus bodas. La princesa Diana, Mette-Marit de Noruega, las grandes duquesas de Luxemburgo fueron, entre otras, las damas de la realeza que cayeron en su hechizo.

Lo homenajeamos con las palabras que le dedicó la princesa Magdalena de Suecia, otra de sus novias reales: “Con profunda tristeza y un corazón lleno de gratitud, recuerdo al incomparable Valentino Garavani. Su extraordinaria atención al detalle, su elegancia atemporal y su inconfundible sentido del humor hicieron que cada momento en su presencia fuera inolvidable. Creó mi vestido de novia con tanto cuidado, arte y alegría, que es un regalo que atesoraré para siempre. El legado de Valentino vive no solo en sus creaciones, sino en la calidez, la generosidad y la risa que compartió tan libremente con todos nosotros.”

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