Hay momentos que parecen escritos para un nombre propio. En Castellón, el de Alexia Putellas volvió a emerger cuando el título estaba en el aire. Minuto 92, penalti y una capitana preparada para convertir la presión en certeza. Cogió el balón con la naturalidad de quien ha pasado mil veces por ahí. Cambió el guion. Donde casi siempre elige la derecha a media altura, esta vez apuntó a la izquierda. Bien medido. Gol. Definitivo. Sexta Supercopa. Otra página escrita.
La capitana marcó el segundo y último tanto del Barça con la precisión de una delantera y la responsabilidad de una líder. Y con ese tanto se reafirmó como la futbolista con más goles en la historia de los Clásicos: once. Más que cualquier otra. De hecho, ya suma más tantos ella sola en los 21 duelos ante el Real Madrid que todo el conjunto blanco (10). El Barça, 73. Números que impresionan, pero que no explican del todo quién es Alexia.
Su celebración sí lo hace. Eufórica, desatada, se besó el escudo. Primero corrió hacia la banda, a buscar a las que estaban en el banquillo, a las que habían sido cambiadas y a las que habían sufrido desde fuera. Abrazó a Pina, a Vicky, y con la más joven repitió esa celebración nueva que ya es suya: salto y choque de manos. Después se soltó de la piña y se fue al córner. Reverencia a la grada. Como en los goles importantes. Como en el primer Clásico del Camp Nou. Como en San Mamés. Como en la Eurocopa. Como contra el Bayern. Como siempre: “Una di voi”. Y un beso al aire a su madre, Eli.
Alexia y Vicky celebran el gol de la capitana en la final de la Supercopa / FCB
Había sido un partido incómodo para ella en la primera parte. Más trabajo sucio, menos lucidez, un Madrid presionando bien y cerrando espacios. Pero tras el descanso apareció más. Se movió, pidió, probó. Rozó el gol un par de veces antes de encontrarlo desde los once metros. Persistencia de estrella. Paciencia de capitana.
Alexia levantó su título número 33. Una cifra que dice mucho. Y, aun así, lo celebró como si fuera el primero. “Muy importante porque es el primero. No hay mejor manera de empezar este tramo decisivo que alzando el primer título”, dijo después. Y añadió algo que la define: “Todos los títulos se tienen que celebrar. No damos por garantizada ninguna victoria ni ningún trofeo. Se disfruta hasta miércoles, y luego volvemos a entrenar y a tope”.
Celebrando la Supercopa como el primer título
En la previa le preguntaron quién tenía más presión, si quien siempre gana o quien aún no ha ganado nunca, y ella fue clara: “el Barça saldrá a ganar siempre por la responsabilidad que implica defender este escudo”. Y en Castellón volvió a demostrarlo. Cuando se ha ganado tanto, es fácil perder el hambre. Alexia no. “Este equipo no pierde nunca la ambición, no nos cansamos de ganar”, repite. Y lo demuestra con hechos. Fue una de las que más disfrutó de la celebración, pero también una de las que más cuidó cada detalle. Cedió la Copa a las jóvenes para que la levantaran. Las buscó, las rodeó, les dio su espacio. Las mismas de las que en la previa decía que habían sido “un gran descubrimiento”.
También tuvo tiempo para los gestos silenciosos. Antes de levantar el trofeo llamó a Marta Torrejón para hacerlo juntas. Antes fue a animar a Misa. Y en mitad del caos bonito, lideró el manteo a Pere Romeureconociendo públicamente un trabajo muchas veces cuestionado sin justicia.
Alexia entiende el fútbol como un todo. Dentro del campo y fuera. Por eso conecta con la gente. “La conexión con la afición es muy especial”, reconoce. Por eso cada celebración tiene sentido. Por eso cada título tiene alma. En Castellón volvió a pasar. Gol, beso al escudo, reverencia, liderazgo. Alexia no solo ganó otra Supercopa. Volvió a recordarnos quién es. Y por qué siempre será ella







