En el primer Mundial de la Kings League, sobresalió un nombre muy por encima del resto. Este era el de Kelvin Oliveira, de quien antes de empezar ya advertían que era el mejor jugador de fútbol siete del mundo. Y lo demostró. Lo hizo como ha seguido haciéndolo un año más tarde, en su casa y ante su afición, guiando así a Brasil hasta revalidar el campeonato con su decisivo gol, y escribiendo una historia que ha tenido muchos capítulos desde que empezó a deslumbrar en la competición: “Nunca me lo habría podido imaginar”, explicaba a SPORT.

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