El fútbol se lleva todas las palabras. De ahí que todo lo dicho por Arbeloa en su atípica presentación tendría sentido solo a partir de sus decisiones. La primera declaración de intenciones fue darle la titularidad a Jorge Cestero, “el mejor ‘6’ de España”según su propio entrenador, y a David Jiménez, lateral derecho. Como contra el Talavera. Escogió el peor día posible. Sus nombres ya aparecen como víctimas colaterales del ridículo de Copa.
Una papeleta que en un partido normal de Copa, ante un Albacete de Segunda, sería hasta lógico. No en un Madrid donde no cabe la autocomplacencia y en el que cada titularidad es una trampa. Cestero, para colmo, asumió la difícil tarea que ninguno de sus compañeros ha sido capaz de ejercer con dignidadcomo es ser, al menos, una sombra de Kroos. Su ídolo, por cierto. Por lo menos, Arbeloa se puso al frente en sala de prensa para defenderse como “principal responsable”.
El partido le pasó por encima, como al resto de sus compañeros. Cada vez que tuvo el balón vio una nube de hombres que no le dejaron pensar. Mientras, Bellingham en Madrid, junto a Tchouaméni. Como Mbappé. O Courtois, que a la vista de los errores de Lunin en los goles, es imprescindible. Como dijo Xabi Alonso al borde de la desesperación tras eliminar sufriendo al Talavera, “menos mal que jugó Mbappé”. Aunque su presencia fue para batir un récord absurdo, el adjetivo que define la temporada del Madrid.

El defensa del Real Madrid, David Jiménez. / Manu Reino / EFE
Un problema de fútbol
Con el agua al cuello, en forma de un 1-1 donde el Albacete era superior, Arbeloa quiso morir con los suyos y ofreció el debut intoxicado a Palacios y Manuel Ángel. Pese a que en su presentación se afanó en decir que ‘La Fábrica’ es “la mejor cantera del mundo”, los años continuados de desconfianza y falta de oportunidades se traducen en situaciones como esta. Dos títulos perdidos en tres días. Un entrenador ejecutado y otro señalado.
A pesar de que Gonzalo, un ‘9’ que ha tenido que golpear mil veces para estar ahí, intentase salvar a un Arbeloa que se lleva un baño de realidad después de su ascenso meteórico a través de un fútbol base en el que logró un triplete estatal con algunos de los jóvenes que le acompañaron en su primer entierro. Si es fiel a su discurso -“no tengo miedo al fracaso”- reincidirá en sus convocatorias en lugar de hombres como Ceballos, quien vivió el desastre desde el banquillo.








